Identidad

Lo bueno de haber estado inmerso en literatura e historia latinoamericana durante el ultimo año, es el haber entendido un poco nuestro origen, como país, como colectivo, y los procesos que se llevaron a cabo en distintas épocas para la creación del concepto de nación y de identidad venezolana. En estos días leía en el blog de Gustavo Coronel un breve recuento de la historia, y difería de su apreciación relativa a Chavez, como el peor accidente de nuestra historia. No es tal, allí esta la crónica para demostrarlo. La antepenúltima vez que el país estuvo regido por un dictador, las cárceles estaban abarrotadas de presos políticos, cuando no eran sencillamente asesinados. Algo similar ocurrió la penúltima.

A principios del siglo pasado sucedieron cosas extraordinarias en el ámbito intelectual. Los artistas plásticos condujeron una suerte de rebelión en 1912, creando lo que se definió como la “Escuela de Caracas”. Los cuadros, hasta entonces grisáceos en medio de tanta luz y color, empezaron a representar el entorno en toda su esplendidez. Pero antes de ese suceso, ya el gran Romulo Gallegos había empezado a darle forma a su critica santosluzardiana, a través de escritos que se publicaban, a pesar de la rígida censura, en el “Cojo Ilustrado”. Pasarían casi 30 años, para que reaccionase el pueblo en contra del dictador, y casi 40 para una transición de poder, calificada por algunos como una farsa. La generación del 28 definió nuestra conciencia democrática, pero, como lo hizo? Quienes participaron? No debemos olvidar los líderes que de allí surgieron, y los logros alcanzados, por cuanto Venezuela contó, quizás, con el único escritor que no solo ha logrado publicar, durante la dictadura, una novela que exhibió al dictador en su dantesca barbarie, en su dañina ignorancia, sino que ademas la misma le valió la admiración, el respeto y las dádivas de quien fuera objeto de la critica.

Pero el espíritu democrático venezolano es debil, y la viveza criolla, devenida en adeca luego en copeyana, kept winning the day, y el país volvió a sufrir los embates de otro dictador. Durante esa, la penultima dictadura, ocurrió nuevamente una revolución intelectual. Como olvidar el “Manifiesto No”, signado en Paris por “Los Disidentes”? Cuanta irreverencia, cuan noble el objetivo! No obstante la lucha emancipadora se llevaba a cabo, paralelamente, en las casas, barrios y calles de Venezuela, y, finalmente, el ultimo dictador andino tuvo que abandonar el poder. La imagen en el ideario común ya no era el conuco, sino el petróleo, y el guiso que lo acompaña. No obstante, cabe recordar al padre de la incipiente democracia, un venezolano ejemplar, del tamaño de las circunstancias, quien dio lecciones magistrales sobre la constitución de los verdaderos demócratas, aquellos que repudian las dictaduras, tanto de derecha como de izquierda.

Se sucedieron 40 años de “democracia”, durante la cual continuó campeando la barbarie, salvo contadas excepciones. Volvimos a fracasar. Nos olvidamos del retrato que dibujaron los lideres de la primera mitad del siglo. Perdimos la identidad. Acaso alguna vez la tuvimos? Nos creímos el cuento de que se puede saltar del conuco al desarrollo con tan solo decretarlo, a punta de petrodólares, así como nos habíamos creído anteriormente que un hombre puede conducirnos de campamento colonial a república, así no mas. Y apareció Chavez, quien es como el pueblo que representa: exótico, bárbaro, ignorante, incivilizado. Y que conste que no soy de los que creen que el dictador postmodernista actual es producto del Caracazo. No. Este espécimen viene de antaño, de mucho mas atrás, de los tiempos de Boves y Bolivar, de la época de la guerra social, de principios de siglo XIX. Este es un Presentación Campos cualquiera.

Luego uno ve, conoce, lee, y escucha a los líderes estudiantiles de esta generación. Y a los líderes políticos. A los Leopoldos, a los Manueles, a los Jorges… A los intelectuales y pensadores, sean editores de tabloides o apólogos. Las comparaciones son odiosas, pero ni el dictador, ni quienes se le oponen, son del tamaño de las circunstancias actuales. Como sociedad, tenemos cuentas pendientes entre nosotros. Llevamos doscientos años tratando infructuosamente de crear una identidad nacional. La nueva versión, sea de uno u otro bando, carece de grandeza, de moral, de ambición, es un pan con ñema, por no decir un tigre, pero por lo hediondo. Este trance no es coyuntural, y lo superaremos si, y solo si, comenzamos a llamar las cosas por su nombre. La imagen en el espejo sigue siendo desconocida, definamosla si aspiramos a una identidad.

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