Morales subvierte la democracia en Bolivia

Santa Cruz, 2 de mayo 2008 | Coincidí en el vuelo Miami – La Paz con el ex presidente de Bolivia Jorge Quiroga. Habiéndome presentado al iniciarse el vuelo, quede con el sabor amargo de no haber podido conversar con el largo y tendido sobre lo que está sucediendo en Bolivia, adonde me dirijo para realizar una observación del proceso del referéndum sobre el estatuto autonómico. No obstante, la suerte estuvo de mi parte. Se suponía aterrizaríamos en La Paz, para luego seguir a Santa Cruz de la Sierra, sin embargo, debido a condiciones atmosféricas poco favorables, niebla, el vuelo siguió hacia Santa Cruz, mi destino final.

Aproveche para sentarme al lado de Quiroga y hacerle todo tipo de preguntas. Note los libros que estaba leyendo: uno sobre Obama y otro sobre Chávez, de Bart Jones. Al respecto, y refiriéndose al libro de Chávez, me dijo “yo he hablado mucho con Chávez, pero hay que conocer bien al enemigo”. Desde luego el ex presidente de Bolivia no es uno de los tantos fans que Chávez parece tener en Latinoamérica. Me dio la impresión que tiene un concepto claro de la crisis política venezolana y de lo que Chávez representa, habiendo sido víctima directa de la petro-diplomacia chavista.

Nuestra conversación se centro principalmente sobre el tema del estatuto autonómico y la constitución que Morales está promoviendo. El proceso boliviano se parece mucho al que se vivió en Venezuela con la llegada al poder de Chávez en el 98. No obstante Morales nunca ha contado con las mayorías requeridas para asegurar el avance ininterrumpido de su proyecto político: ni en el congreso, ni en el senado, ni siquiera en la asamblea nacional constituyente, la cual deambula de un lugar a otro para evitar que los asambleístas alineados con Quiroga impidan la aprobación de la constitución. Cuando le comento que me había sorprendido que el texto aprobado contenía 408 artículos y que el texto presentado a Morales contenía 411 artículos, Quiroga responde “ese es el menor de los problemas. Existen 3 versiones diferentes de la constitución, es decir las producidas el 23 de noviembre de 2007 en el Liceo Militar, el 8 de diciembre de 2007 en Oruro y entre esa fecha y enero de 2008 en el edificio Lotería. En los dos primeros casos grupos de choque y policías impidieron a asambleístas de oposición acceso al recinto donde estaba por aprobarse el texto. De hecho, un puñado de personas en el edificio Lotería, carentes de las credenciales necesarias, han modificado el contenido de 254 de los 411 artículos a aprobarse”. Saca entonces una copia de una presentación titulada “Bolivia 2008: Bonanza desperdiciada, democracia golpeada… Esperanza frustrada”, y procede a explicarme en detalle las numerosas violaciones a procedimientos acordados cometidas por Morales, lo cual vicia de nulidad su nueva constitución política y, en consecuencia, su intento de refundar el estado.

Es obvio que Morales no la tiene fácil. No ha podido disolver los poderes constituidos con la facilidad que caracterizo el proceso chavista; no ha podido introducir la maquinaria electrónica electoral de Chávez (Smartmatic); no tiene a todos los militares consigo, de hecho parece existir una puja entre aquellos que manejan tropa y los de más alto rango, que son los que finalmente se han beneficiado personalmente de las dadivas venidas de Caracas, pagaderas en cheques a cobrarse en la embajada de Venezuela; no cuenta con la mayoría requerida en ninguna de las cámaras; y, finalmente, tiene a los prefectos de 6 de los 9 departamentos que conforman el país, elegidos a través del voto y que cuentan con un enorme capital tanto político como económico, en su contra.

Ya se habla aqui en Santa Cruz de presencia militar venezolana y cubana; de mobilizaciones indigenistas, de militarizacion, etc. No obstante, el proyecto continental de Hugo Chávez se ha encontrado con un férreo movimiento de oposición en Bolivia, y tal parece que ni sus petrodólares, ni su OEA –así definida por Quiroga- ni su ejército imperialista, ni los medios lograran impedir el deseo federalista y descentralizador, que no secesionista, de las regiones.

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